Monitor

Monitor

viernes, 12 de agosto de 2011

Capitulo 14






Si, era Ryan el que iba caminando a unos metros de mí, pero no iba solo, una chica lo acompañaba, y tomados de la mano caminaban muy felices, de pronto vi que se besaron muy cariñosamente mientras sentía que mi corazón se rompía pedazo a pedazo.

“Tal vez no es él” pensé. Pero tuve la oportunidad de verlo más cerca y entonces pude cerciorarme de que si era él, quién sin advertir mi presencia, me estaba mostrando toda la realidad. Pensé en acercarme a él para decirle todas las cosas que sentía decirle, me llené de rabia, decepción, tenía ganas de golpearlo, de recriminarle todas las cosas que habían pasado… pero no, no valía la pena. Me di la vuelta y me dirigí a la salida de la universidad.

Sentí pasos detrás de mí, y sentí una mano sobre mi hombro, volteó y era él quién me miraba sorprendido de haberme visto ahí.

—Anya, ¿Qué haces aquí?

—Suéltame—Dije quitando su mano de mí y me eché a caminar más rápido.

—Anya, ¡por favor! ¿Nada más quieres decirme lo que haces aquí? —dijo caminando detrás de mí.

—Ya vi todo lo que quería ver, y ya de ti no quiero nada más…—dije mientras seguía caminando indignada.

—Anya, no es lo que piensas…

Me detuve bruscamente y me paré frente a él mirándolo a los ojos tratando de contener mis lágrimas.

— ¿Te hice algo malo? ¿Alguna vez te hice daño? ¿Fui tan mala como para merecer esto?

— ¿Merecer qué Anya?

—Te pedí sinceridad… ¿Qué era algo tuyo y mío? Y Joanna ¿qué? ¡¿Por qué la excluiste cuando era la razón de todo?!

—Ann… es que no entiendes, no es nada de lo que tú piensas…

— ¿Ah no? Por Dios Ryan… ¡deja ya de mentirme! —comencé a llorar.

—Ann…

—Ryan, ya… ¿sí? No quiero explicaciones, no quiero nada de ti… con esto comprenderás que no me interesa saber de ti más, todo lo que significabas para mí se ha ido, me has decepcionado… no sé quién eres… nunca te pedí mucho, solo que fueses sincero conmigo, y no lo hiciste, ¿Qué más quiero? Ojalá algún día te des cuenta de que en verdad te amé…—Dije poniéndole en las manos la libreta con las memorias que llevaba y me fui mientras él se quedó ahí parado sin decir más.

Llegué a la parada en donde tenía que esperar el camión que regresaba a Guadalajara de pronto llegó Samanta, la hermana de Ryan.

— ¿Anya? —preguntó con una sonrisa.

—Ah… Hola Sam… ¿Cómo estás? —pregunté con una tristeza que traté de disimular.

—Pues bien… pero veo que tú no, ¿Qué tienes?

—Pues… —dije sin contener más el llanto—Acabo de ver a tu hermano con otra chica…

—Ay Ann… —dijo abrazándome—yo creo que tú mereces a alguien que te respete, y te haga feliz… vales muchísimo nena, en serio…

— ¿Tú sabías algo de él y Joanna?

—Anya, Ryan es mi hermano y yo no me puedo meter en eso… de verdad lo siento.

—No te preocupes Sam… nos vemos después ¿sí? No me siento bien.

—Si Ann… y recuerda por favor que siempre podrás contar con nosotros…

—Gracias. —Dije subiéndome al camión.

 Algo me decía que Samanta ya sabía todo sobre Joanna desde el principio, y nunca había podido advertirme en las veces en las que nos habíamos visto y platicado por chat, me sentí engañada, burlada… llegué a mi casa y me tiré sobre la cama, no supe a qué hora dejé de llorar, me quedé completamente dormida.

Algunas veces platicaba con mis primas, otras veces solamente me desahogaba con quién fue mi mayor apoyo en todos esos momentos, Luisa. Platicábamos por largas horas en el chat o por teléfono, y sin duda siempre me sacaba una sonrisa en momentos en los que creí que no podría hacerlo.

Los días transcurrieron, todo se convirtió en un vacio demasiado intenso, las clases estaban por terminar y mi estadía allí también. Por 3 meses me ausentaría para regresar a mi casa, un descanso que necesitaba para olvidarme de todo lo malo que había vivido estos últimos meses, quería olvidar, necesitaba olvidar. Pero con el transcurso de los días me daba cuenta de que a pesar de todo yo nunca odié a Ryan. No puedes odiar a alguien a quién quisiste de verdad, no puedes desearle algo malo, y yo no lo hacía. Muy dentro de mi muchas veces lo extrañaba, o al menos extrañaba lo que creí que era, la idea de perfección que me forjé de él, de pronto se venían los recuerdos a mí de todo lo que me había hecho, y todas las mentiras que me había dicho y sentía odiarlo… pero no lo odiaba, puedes sentir que odias a alguien, pero es algo pasajero, el odio es algo horrible y más profundo que no se borra, y lo que yo sentía si, iba y venía, como es normal cuando apenas atraviesas algo tan terrible como eso.

Renuncié a mí misma, le di todo de mí, mi mundo era él, mi felicidad era él y nada más. Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba, quien te ame de verdad compartirá su mundo contigo, y tú con él, más podrán ser felices ambos en su propio mundo, serán dos compartiendo la felicidad de ambos, sin renunciar a nada, dando ambos lo mismo, sin pedirlo, porque se siente, por que nace darlo… cuando uno da todo sin recibir absolutamente nada, ya no es amor.

La vida me había puesto una prueba muy grande, pasé por algo por lo que nunca pensé pasar, siempre creí que el amor podía lograrlo todo, ahora sé que no basta con que solo uno de los dos dé todo el amor del mundo, se necesitan dos, y solo así es como el amor puede lograr cualquier cosa que se proponga. El amor es la fuerza motivadora del mundo, quién actúa con amor tiene el poder de cambiar el universo entero, es así que entonces me explico cómo es que los políticos no logran nada por nuestro planeta, por que actúan por interés, interés propio, egoísta… pero quién actúa con verdadero amor, actúa con sinceridad, con paciencia, sin orgullo, sin egoísmo, quién puede amar a alguien, ya sea a su familia, a su pareja, a sus mascotas, a las plantas, animales, a todos los seres vivos, posee el don más noble que existe, y que no cualquiera tiene. Aprendí que el amor es eso, un don, que no cualquiera posee y que gracias a ello es que la gente que si lo tiene puede dejar de creer en él. A mis 19 años, puedo decir que creo en él más que nunca, sé que existe, lo sentí. Lo siento aún, pero de distinta manera… creo que las personas que llegan a tu corazón nunca se van… van dejando huellas de las que tenemos que aprender para no cometer los mismos errores y poder así estar listos para cuando llegue nuestro verdadero amor, tal y como algún día me lo dijo mi mamá cuando tenía 14 años, estoy segura de que me quedan muchas caídas, mucho por aprender, pero sé que al final, todo habrá valido la pena.



Dejé el lápiz sobre la mesa y di un suspiro. Miré las hojas que estaban sobre la mesa y comencé a hojear todo lo que ya había escrito. De pronto sentí la mano de alguien sobre mi hombre y volteé suavemente.

— ¿Terminaste? —preguntó Luisa.

—Sí, todo listo… —sonreí.

—Y, ¿Qué tal? ¿Cómo te sientes?

—Bien… muy bien, creo… es algo que ya no tenía que sacar para que no me hiciera más daño…

— ¿Lloraste aún?

—Un poco… ya han pasado 6 meses desde que todo ello terminó, pero el escribir todo esto me hizo recordar cosas que aún duelen, pero te aseguro que de los cuales aprendí mucho…

—Escribir tu historia con Ryan fue lo mejor que pudiste hacer. Cuando Jean se fue te quedaste con muchas cosas, muchos miedos, y de los que debiste desahogarte así como ahora… sino te sientes con confianza de mostrarle a alguien lo que has escrito, no lo hagas, eso es algo que se queda contigo.

—Espero que le sirva a alguien algún día, y yo sé que cuando llegue el momento alguien podrá leerlo y tal vez aprenda un poco de lo que yo pasé, y que lejos de crearle miedo, espero poder transmitir mis ganas de amar a pesar de todo, porque el amor existe…

Me abrazó con fuerzas, salió de mi recamara y comencé a guardar todas las hojas que había escrito, con todo cariño, como si fuesen un tesoro muy valioso, y si, era mi tesoro, tal vez para todos los demás no significaría nada una historia de alguien tan común como yo, pero quién pudiese ver su esencia podría darse cuenta de todos los grandes sentimientos que traía consigo.

De pronto escuché unos pasos más fuertes, alcé la cara y vi aquella agradable presencia que me visitaba en mi nueva casa en Guadalajara en donde ya vivía con mis papás y era mucho más feliz que antes.

—Jean… ¿Qué haces aquí? —pregunté con una gran sonrisa.

—Te dije por chat que algún día vendría a verte, y aquí estoy. No podía hacerlo antes por qué dices que a tu tía le molestaba las visitas ¿no? Pues ahora creo que tus papás no tendrán inconveniente…

—No por supuesto que no —sonreí. —hasta Luisa, mi mejor amiga a la que solo conocía por internet ya puede venir a visitarme, y eso me gusta, me siento más en casa…

—Ya teníamos casi 1 año sin vernos, y la verdad es que te extrañé Ann.

—Yo también a ti Jean, aunque platicamos muy pocas veces por chat, siempre esperé volver a verte… —Me ofreció sus brazos y nos dimos un amistoso abrazo.

Volver a ver a Jean me causaba una sensación que me daba mucha paz. Su presencia me causaba un poco de nerviosismo pero a pesar de ello, lo sentía como alguien que me daba muchísima confianza, como siempre lo había hecho, algo que increíblemente podía seguir logrando en mí.

—Bueno y, ¿Qué ha pasado con tu vida? —pregunté.

—Pues después de mucho pensarlo… elegí a Paulina… aunque, aún extraño a veces a Brisa.

— ¿Y si la quieres?

—Sí, la quiero mucho, más no la amo, para amarla creo que aún falta mucho…—Suspiró—Y bueno… ¿Qué has hecho tú? ¿Aún sigues pensando en Ryan?

—Algunas veces… creo que es imposible olvidar algo tan fuerte como eso, lo bueno y lo malo, pero prefiero pensar en lo bueno y agradecérselo, finalmente, jamás podré odiarlo, y debo agradecerle por todo lo que aprendí con él y las cosas buenas que logró en mi, ¿o no?

—Tienes mucha razón, eres muy linda Ann… —Dijo sonriéndome. —¿Qué te parece si salimos a patinar?

—Me parece bien.

Pasamos una tarde extraordinaria, salir con Jean me había hecho distraerme de muchas cosas, pocas veces había aceptado salir pero esta vez había sido excelente, y creo que a pesar de todo, me resigné a ver a Jean como un amigo, solo un amigo, al que quería muchísimo, y quién siempre sería demasiado especial para mí.

Un fin de semana fuimos a la ciudad de México a Celebrar el cumpleaños de mi abuela, estábamos muy alegres mi familia y yo festejándolo, cuando de pronto sonó mi celular y registraba el número de Mike. Me sorprendí mucho, sentí que mi corazón se detuvo y pensé que tal vez podría ser alguien más, contesté y era su mamá.

—Hija, ¿Cómo has estado? Habla la mamá de Mike.

—Que tal señora… muy bien gracias ¿y usted? Me da gusto escucharla.

—Bien hija, ya casi dos años desde lo que pasó con mi hijo, pero mucho mejor, necesito verte Any, ¿podrías venir?

—Sí, claro señora, voy para allá.

Me arreglé rápidamente y me dirigí rápido hacia la casa de Mike a la que no había ido desde que él falleció. Llegue y su mamá me llevó hasta su habitación en donde habían muchas cajas en el suelo.

—A penas tuve el valor de abrir las cajas de su habitación. Todo lo guardó su papá y apenas abrí cosas que Mike dejo guardadas, y encontré una foto de ustedes dos.

Tomé aquella fotografía y sonreí mientras que la nostalgia me invadió. Lo extrañaba mucho, nadie sería como él, nadie ocuparía su lugar… seguía siendo mi mejor amigo, con quién hablaba en silencio cuando más me hacía falta.

—Estaba en esta cajita con una pulserita y una carta, una carta dirigida a ti…

Me sorprendí mucho, no podía creer que Mike me hubiese escrito alguna vez una carta y y jamás me hubiese dicho algo, la tomé suavemente, me moría por saber que decía.

—Te dejo para que la leas, ahorita regreso. —Dijo saliendo de la habitación.

Me senté sobre la cama y abrí la carta con todo cuidado a pesar de mi desesperación por leerla, la desdoblé y comencé a leer todo aquello que me había dejado mi mejor amigo.

“Hermanita:

Sé que cuando leas esto estarás odiándome por no haberte dicho la verdad sobre lo que tenía, prometimos contarnos todo y yo te fallé, pero sabía que eres muy sensible y que te dolería muchísimo estar pensando que en cualquier momento podría irme, pero todo lo hice por tu bien, sé que tal vez me extrañes ahora, pero quiero decirte que no tienes por qué hacerlo, porque siempre estaré contigo, apoyándote en todo, y aconsejándote en silencio, como lo he hecho todo este tiempo. Cuídate mucho Any, eres una niña muy sensible, y a veces frágil, lo que cualquiera podría aprovechar para lastimarte, y yo sé que tú eres muy fuerte, solo necesitas creerlo, te crees más débil de lo que realmente eres, sé fuerte, pero nunca pierdas esa sensibilidad que te caracteriza, porque es una de las cosas que te hacen ser más especial. Nunca borres tu hermosa sonrisa, nunca dejes que nadie la apague, y por favor, prométeme que nunca dejaras de creer en el amor, prométeme que algún día te veré muy feliz, como toda una profesionista que encontró el amor y que es exitosa, que tiene hijos hermosos (yo sé que no me gustan los niños, pero los tuyos si serán muy especiales) y alguien a su lado que la ama con toda el alma… que madurarás pero que nunca perderás el alma de niña, de inocencia, que aunque no siempre actúes con ellas, las mantengas ahí en tu corazón dándote alegría y todas las fuerzas que necesites.

Ann, yo nunca te dejaré, quién te quiere en verdad siempre está ahí, en tu corazón, cuidado de ti en donde estén, abrazándote desde la lejanía, acortando las distancias con amor… tal y como lo sentiste algún día con Jean, solo que esta vez es diferente, porque tú y yo jamás podremos volver a vernos, pero yo vivo en ti, si tu así lo quieres. Vive tu vida Ann, y sonríe siempre, sabes que no me gusta verte triste, llora si así lo sientes, pero vive intensamente tu vida, disfruta tus sufrimientos porque de ellos aprenderás, más no te encierres en ellos, vívelos así como tus alegrías y sigue adelante, perdona, y corrige los errores que tengas que corregir, al final verás que todo vale la pena, pero por favor, como te lo mencioné antes, nunca dejes de creer en el amor, porque SIEMPRE HABRÁ UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA AMAR.

Te quiere con todo su corazón tu amigo por siempre.

                                                                                                                        Mike.”



Al terminar de leer la carta lloré mucho, era una mezcla de alegría y nostalgia, abracé la carta y la mamá de Mike entró en ese momento a la habitación, nos abrazamos y lloramos juntas, como el día del velorio, aquello me dio muchas más fuerzas para seguir adelante.

Llegué a Guadalajara de nuevo, me encontraba haciendo mis proyectos de final de semestre para la universidad, de pronto sonó mi celular. Era un mensaje de un número que no tenía registrado, lo abrí, y sorprendida leí lo que decía.

“¿Puedes salir un momento?”

Pensé que se trataba de alguna equivocación y pregunté quién era, a lo que me respondió lo siguiente:

“Anya, necesito hablar contigo…”

Definitivamente sabía quién era yo. Me quedé pensando en todas las posibilidades de quién podría ser, pero ninguna coincidía con todo ese misterio, salí de mi recamara y me dirigí hacia la puerta principal, abrí la puerta y con gran sorpresa vi de quién se trataba…



Continuará... 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Capitulo 13




Esperar un mes, sin duda fue largo. Pero al mismo tiempo disfruté al máximo aquellos días en mi casa, con mi familia, con todo a lo que ya estaba acostumbrada y con lo que era feliz. Regresé a esa vida a la que estaba acostumbrada en mi ciudad, antes de irme a Guadalajara, y también la situación con Ryan volvió a ser la misma. Amor por el monitor, y por el teléfono, porque seguíamos hablando todos los días como siempre, y eso ayudó a que no lo sintiera tan alejado de mí como había vuelto a estarlo.
Estar enamorado de alguien sin duda es la experiencia más hermosa que alguien puede sentir en la vida. Es volar estando en la tierra, es soñar despierto, despertar y vivir algo mejor que un sueño, dar todo, sin pedir nada a cambio, nada, más que amor. Y yo lo sentía. Jamás pensé que yo algún día llegara a vivir eso, y lo viví… y haber esperado tanto tiempo por eso merecía el esfuerzo de esperar un poco más. Hacía ya un año que había pasado toda aquella tempestad en la que encontré a Ryan, y de la que me salvó. Las festividades de fin de año y navidad me hacían recordar todos aquellos momentos en los que me rehusaba a enamorarme de Ryan, me recordaban lo mucho que le debía y me daban aliento a seguir luchando hasta el final por él.
Llegó un nuevo año y con él, el regreso a Guadalajara, Aunque este fue menos doloroso que la primera llegada, sin duda, ya no era la primera vez que tenía que quedarme sola y, esperaba con ansias volver a ver a Ryan, volver a sentirlo, volver a estar con él... pero nada fue tan fácil como pensé que sería.  A él nunca le gustó que yo viajara sola al lugar donde él vivía, pero de nuevo había obstáculos para volver a vernos, así que decidí mentirle diciéndole que iría con mi prima por que ella tenía que ir para allá, y solo de esa forma aceptó que fuese a verlo. Me dio una dirección a la que tendría que llegar “con la ayuda de mi prima” la cuál obviamente no tuve y me aventuré a hacerlo por mí misma. Después de mucho caminar, preguntar a toda la gente posible e ir de un lado a otro, pude llegar a la dirección de una cafetería que me habían contado que era muy bonita. Tenía que llegar a un arco en donde habían unas escaleras de piedra que bajaban a la entrada de aquel lugar. Al llegar al arco no vi a nadie, así que le llamé por teléfono para saber en dónde estaba, y me dijo que tendría que seguir bajando por que el estaba casi en la entrada de la cafetería, seguí bajando al mismo tiempo que seguíamos hablando por teléfono hasta que nuestras miradas se cruzaron de nuevo… estaba allí, sentado, esperándome, mientras yo bajaba lentamente con el teléfono en el oído.
—Vaya, ya no recordaba tu rostro… —reí mientras seguíamos hablando por teléfono a pocos metros de distancia.
—Yo tampoco recordaba como eras—rió. —pero ya te extrañaba… ahora me tengo que ir por que una chica linda acaba de llegar.
—Está bien, yo también te dejo porque acabo de encontrar un chico hermoso a quién extrañé mucho… —dije mientras colgaba la llamada en el celular.
—Te extrañé muchísimo Ann… —Dijo Ryan mientras me abrazaba tan fuerte como podía.
—Y yo a ti Ryan… No sabes cuantas ganas tenía de verte, abrazarte y estar contigo…
Entramos a aquella cafetería y nos dispusimos a jugar ajedrez mientras servían lo que habíamos pedido. Nunca había sido buena para jugar ajedrez y teniendo en frente  a Ryan por primera vez, después de algún tiempo, era mucho peor. Después subimos a la terraza de aquel lugar en donde se podía observar toda la ciudad. Era hermoso, pero era mucho más hermoso contar con Ryan, con el amor que me daba, con todo lo que compartíamos él y yo.
La separación de las vacaciones quizá si causó estragos casi al final de ellas, discutíamos más y desconfianza volvía algunas veces, pero ese día había cambiado todo, nos unimos de nuevo, y todo volvió a ser tan bello como lo era cuando lo dejamos.
Pero la universidad volvió a ser un obstáculo para que el pudiese ir a verme, así que comencé a hacerlo yo, incluso renunciar a lo algo que había deseado por mucho tiempo. En la universidad me ofrecieron una beca para irme a hacer prácticas por 6 meses en arrecifes de Australia, me emocioné muchísimo con la idea y mis padres me apoyaban para hacerlo, pero algo me detuvo. No podía dejar a Ryan después de haber rogado por una oportunidad así, y decidí que lo mejor era renunciar a ello, sin que él siquiera lo supiera algún día.
El 14 de febrero le llamé a su mamá para que me ayudara a preparar una sorpresa para él ese día, y sorpresivamente así lo hizo. Ella me ayudó incondicionalmente. Había pensado en arreglarle todo su cuarto con miles de notitas en forma de corazón, una almohada con su nombre y una mega postal. Tardé días en prepararlo, sobre todo un día antes cuando aún no terminaba, tuve que dormirme hasta las 4 de la mañana para poder terminarlo todo. Al otro día me dirigí como pude a la terminal en donde salían los autobuses hacia la ciudad donde él vivía. Mientras estaba acomodando todas las cosas que llevaba, alcé la mirada y vi a una chica que me pareció conocida. Al parecer era la mejor amiga de Ryan que también estaba estudiando en Guadalajara y vivía muy cerca de donde vivía él así que después de pensarlo un rato decidí hablarle.
— ¡Hola! Disculpa, ¿eres Araceli? ¿Amiga de Ryan?
— ¡Hola! Si, y tu eres… ¿su novia?
—Si así es… Anya.
—Si claro, ¿qué tal? Vas para allá también.
—Si… de hecho voy a su casa a prepararle una sorpresa para hoy.
— ¡Qué lindo! ¿Qué es?
En el transcurso del camino le fui mostrando la cantidad de cosas que llevaba para hacer de aquél cuarto un museo de la cursilería, pero no importaba,”todo por amor vale la pena” siempre pensé así, sobre todo en aquella segunda oportunidad que me había regalado la vida, no importaba tiempo, no importaba cualquier gasto que tuviese que hacer con tal de demostrarle a Ryan que en verdad lo amaba, y sin duda lo logré sobre todo desde que había llegado de nuevo a Guadalajara, en donde la mayor parte tenía que hacerla yo.
Cuando bajamos del camión los papás de Ryan me estaban esperando justo enfrente. Cuando llegamos a su casa su mamá me llevó a la habitación de Ryan, en cuánto entré pude percibir que todo estaba impregnado de su aroma. Pude sentir su cama, en aquella habitación en la que habíamos vivido tanto, separados por una computadora, por un teléfono, pero allí habíamos estado. Veía sus cosas como si fueran reliquias sagradas, como si no existiera algo más valioso que eso, y comencé a armarlo todo tal y como lo había planeado. Tapicé las paredes con todas las notitas de colores en forma de corazón coloqué la almohada en su cama y la enorme postal en el suelo. Cuando finalmente terminé pensaba irme inmediatamente a mi casa, pero la mamá de Ryan me hizo un sueño posible.
—¿No quieres ir a comer con nosotros? —preguntó.
—Pues… si está bien señora.
—Pero hay un inconveniente… va a ir con nosotros Ryan.
—Pero… ¿Qué no él estaba en la universidad?
—Sí pero pasaremos a traerlo… para que no sospeche le decimos que fuimos a Guadalajara y te encontramos ¿sí?
Ante la inasistencia de su mamá no tuve más que aceptar. Eran unas personas demasiado amables, sobre todo su mamá, siempre le estaré agradecida por todo lo que hizo por mí. Cuando llegamos por Ryan el se sorprendió mucho de verme ahí pero creyó todo lo que le dijimos. Después de comer nos dirigimos de nuevo a su casa.
—Vas a conocer mi casa. —dijo Ryan.
—Me alegra eso… —“si supiera” pensé.
Llegamos a su casa y sus papás se quedaron en el jardín mientras Ryan y yo entramos, me dijo que esperara en la sala un momento, yo me senté y apretujándome las manos me quedé esperando a ver cuál era su reacción. Escuché como abrió la puerta de su habitación y prendió la luz, silenciosamente dio unos pasos. Esperé unos minutos que se me hicieron eternos. Me moría de ganas de ver la cara que pondría cuando viera todo su cuarto transformado y lleno de corazones. De pronto sentí como llegó por mi espalda y se sentó junto a mí, me abrazó muy fuerte y me beso con muchísimo cariño.
—Muchísimas gracias mi amor. —dijo abrazándome y llenándome de besos. —Nunca nadie había hecho eso por mí.
—Eso y más haría por ti Ryan, te amo, te juro que te amo…
—Y yo te amo más a ti Ann.
Pero aquello que en ese momento se sentía tan real, tan mágico y tan increíble, se comenzó a sentir más lejos cuando al pasar de los días sentía que lo iba perdiendo una vez más. No sabía exactamente que era, pero los pretextos para verme se hacían más evidentes. Comenzó a trabajar para prácticas en su universidad por las mañanas y por las tardes estudiaba. Pero no era simplemente eso, la magia de los primeros meses de la reconciliación se empezó a perder de nuevo, y esta vez, no era mi culpa. Mientras más lo sentía distante, más trataba de ayudarlo en lo que pudiese, incluso si se trataba de tareas o de investigar cosas de la universidad, de estar ahí para escucharlo en todo momento, de ayudarlo siempre, incondicionalmente, pero eso no bastó.
Y la desconfianza regresó cuando nuevamente comencé a ver comentarios extraños, pero esta vez eran de una chica que tenía 15 años, pensé que no era nada importante, finalmente el ya tenía 21 y no faltaba mucho para que cumpliera los 22, ¿le interesaría una chica adolescente a alguien tan maduro como él? Pues las sospechas crecerían cada vez más. Era evidente… todo era evidente, pero a veces cierras los ojos ante lo que tu corazón te muestra más claramente que el agua. Todos los pretextos, la frialdad que trataba de disfrazar de cariño, todo aquello que trataba de disfrazar de amor no funcionaban. Trataba de que él me dijera la verdad, hablaba con él y le preguntaba quién era ella, y solo me respondía que “era una amiga”, pero el corazón me decía que no era así, el corazón estaba gritando algo que yo ignoré hasta el último momento.
Llegó el cumpleaños de Araceli, su amiga que vivía también en Guadalajara muy cerca de mi casa, y ella me invitó, ese día Ryan y yo nos vimos, estuvimos juntos toda la noche, de lo más normal aunque sin convencerme aún de que todo estaba bien realmente, y cuando terminó aquella fiesta, Ryan y su mejor amigo me fueron a dejar a mi casa, al llegar el se bajó del auto para despedirse de mí.
—Anya… no quiero que desconfíes de mi ¿ok? No hay nadie más que tú. —Dijo mirándome a los ojos.
— ¿Y no pasa nada con Joanna?
— ¡cómo crees Ann! Ella tiene solo 15 años… por favor.
—Confío en ti Ryan…
—Y no tienes porque no hacerlo…
Nos besamos, y entré a mi casa. A pesar de que él me daba toda la seguridad del mundo, yo seguía sintiendo que nada de aquello era totalmente sincero, pero prefería creer que así era, me cree una burbuja que me protegía para no sufrir y no desconfiar de él, pero todos aquellos tormentos que me provocaban insomnio, pronto se terminarían.
Ese mismo sábado Ryan no se había conectado, me tenía preocupada y abrí su Facebook, y vi un comentario que le había dejado Joanna en su muro.
“¡Es hermoso estar contigo! Pero mi mamá me regaño por llegar a estas horas, pero no importa, cada día te quiero más.”
Me llené de rabia, de celos y de tristeza. No se puede explicar todo lo que se siente que alguien en quién depositaste toda tu confianza, todo tu amor, tu esperanza, tu vida, te traicione de esa manera. Pero algo me decía que aquello iba más allá de ser solo una simple ilusión, él le respondía con el mismo ánimo sin importarle si yo lo veía o no, ya no borraba los comentarios como lo había hecho antes, yo ya no le importaba y eso estaba más claro que el agua. “tengo que confiar en él” me repetí muchas veces… mientras lo esperaba para tratar de entender que era lo que estaba pasando.
Se conectó cerca de las 12 am, y comenzamos a platicar sin mencionar nada de lo que había visto, pero ese día no me dijo “amor” o algo cariñoso, estaba hablándome de la forma más normal, como se le habla a una amiga y a pesar de eso decidí no reclamarle nada, no preguntar ni decir nada, me resistía  a dar el primer paso para terminar todo aquello.
—Te amo Ryan… —escribí —Ya no quiero pelear más contigo, no dudaré más de ti, te lo prometo.
—Ann… A veces me dices que tu eres muy egoísta por no dejarme ir para tener algo mejor… pero ¿sabes qué? Creo que soy yo el que está siendo muy egoísta contigo… tú podrías tener algo mejor que yo… alguien que te merezca, yo no te merezco.
Mi corazón comenzó a latir rápido. Sabía a lo que iba… sabía lo que sucedería cuando él terminara de escribir aquellas palabras que me estaban hiriendo más que nunca nada en la vida.
—Ryan, no digas eso… eso no es verdad.
—Anya es la verdad, piénsalo, dime si no es así, dime si no estamos cada día más alejados… te amo con toda mi alma, pero no podemos seguir así, tu eres una chica demasiado valiosa que no merece estar perdiendo el tiempo con alguien como yo, te mereces a alguien mejor Ann…
—Pero yo te quiero a ti… —Escribí con lágrimas en los ojos.
—Ann… no solo podemos vivir pensando con el corazón, piensa, razona, analiza y por primera vez trata de tomar una decisión con la cabeza, no con el corazón porque eso no sirve de nada…
—El corazón es el único sincero Ryan, y si quieres terminar mejor dímelo, no es necesario darle tantas vueltas al asunto…
—Tengo miedo Ann…
— ¿Miedo de qué? Creo que sabes perfectamente que yo no deseo terminar con esto en lo absoluto, ¿por qué habrías de tener miedo cuando es una decisión solo tuya?
—Miedo de estar cometiendo el error más grande de toda mi vida…
—No lo cometas, nadie te obliga… de hecho estoy segura de que tu corazón te está diciendo que no debes hacerlo, hazle caso, por favor…
—Vámonos ya, ¿sí? Y platicamos el lunes, el lunes nos vemos y platicamos de todo…
Esas dos noches lloré como nunca, y me di cuenta de que a veces el darlo todo no es suficiente para que alguien esté contigo, y te ame de la misma forma, pero era suficiente para que yo me quedara tranquila sabiendo que di todo lo que pude dar por ese amor que era inmenso, y sincero, al menos de mi parte. Yo sabía que había dentro de Ryan alguien muy valioso, lleno de virtudes y muchísimo amor para dar, y era algo de lo que yo me había enamorado inmensamente, pero tenía otro lado, un lado que muchas veces no podía controlar con el que tenía la capacidad de herir de la forma más cruel a quién mas lo amaba. Lo hizo conmigo, aquella última tarde en la que nos vimos, la tarde en la que terminó todo.
Esa tarde nos vimos en la estación, donde nos habíamos visto la primera vez ya que él tenía que ir a la universidad por la tarde y solamente podríamos estar un rato platicando, tratando de encontrarle solución a algo que ya no tenía algo más que un fin.

Nos sentamos en una banca y fui él el primero en comenzar con aquella conversación.
—Ann… creo que es hora de que tu busques a alguien mejor que yo, alguien que te merezca, alguien que te de toda la atención y que no te haga sufrir, como yo…
— ¿Sufrir? Ryan… si estoy contigo es por amor, no soy una niña chiquita que no sea capaz de decidir con quién quiere estar, o que es lo que quiere…
—Anya, lo nuestro ya no tiene futuro, te amo, te juro que te amo, pero, a veces el amor no es suficiente, a veces el…
— ¿El darlo todo por alguien no es suficiente? ¿Quieres decir eso? —Dije molesta y con lagrimas en los ojos.
—El amor también es saber dejar ir Anya ¡entiéndelo por favor! Eres una chica fabulosa, inteligente, amorosa, detallista, estoy seguro de que llegarás mucho más alto de lo que tú y yo nos imaginamos Anya, eres valiosísima, cualquier hombre quisiera tener a alguien como tú a su lado…
—Cualquiera, ¡cualquiera que no fueras tú! ¿Verdad? Ya me cansé de que todo el mundo me diga que el “amar también es saber dejar ir” y si, tiene mucha razón, pero en nuestro caso sabemos que no es por eso, es Joanna, eres tú, tú la quieres a ella y es por eso que ahora me botas como si fuera una piedra que no siente, como si no me estuvieras destrozando el corazón, tratándome como idiota ¡como si no supiera que es lo que pasa en realidad! —dije llorando.
—Anya ¡eso no es cierto! ¡Esto es tuyo y mío, y de nadie más! Solo somos tu y yo, no tiene nada que ver con nadie, yo no me siento bien de que tú estés haciendo todo por mí y yo no haga nada, ¿no te diste cuenta el 14 de febrero? No te diste cuenta de que yo no te hice nada a ti, ¿y sabes por qué? ¡Por qué no me nació hacerlo!
Guardé silencio. Ryan nunca había sido tan cruel como lo estaba siendo en ese momento, siempre tuvo mucho cuidado de las palabras que me decía, e incluso me mentía para tratar de no hacerme tanto daño, o al menos, esa era su intención aunque no fuera así, pero en ese momento dijo una verdad que me dolió en el alma. Me agaché y mis lágrimas caían hasta el suelo, no respondí nada, no tenía nada que responder ante la verdad, esa verdad que yo tanto le había pedido. El reaccionó y se dio cuenta de que lo mucho que me había lastimado e intentó arreglar lo que ya estaba más que roto.
—Y… no me nació no porque yo no sintiera nada por ti, es que yo así soy y lo sabes, no soy tan detallista como tu hubieras querido, y por eso no te puedo corresponder como tú quisieras, no puedo Anya… no te merezco…
—Creo que nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión ¿verdad? —alcé la cara y lo miré a los ojos.
—No Ann… —me miró a los ojos—Tal vez esté cometiendo el error más grande en mi vida, tal vez no, pero déjame cometerlo, déjame saber por mi mismo si esto es para el bien de los dos...  por favor…
— ¿Mi bien? Si para ti hacerme bien es romperme el corazón y salir huyendo como si nada, está bien… —dije levantándome de la banca—ojalá que con quién estés de ahora en adelante te haga mucho más feliz de lo que te pude haber hecho yo, ojalá que tenga el nombre que tenga, y la edad que tenga… sea mucho mejor de lo que soy yo…
—Sé feliz Ann… te lo mereces…
—Si claro… — me di la vuelta tratando de contener mi llanto, pero no pude. Abordé un taxi y me dirigí a mi casa, en donde inmediatamente al llegar me tiré sobre la cama y lloré, mucho, no sé cuánto tiempo, no sabía que se pudiera llorar con tanto dolor como en ese momento.
Pero aún faltaba algo por concluir. El se había quedado con mi abrigo la última noche que nos vimos, yo había hecho para el 14 de febrero una libreta con nuestra historia, la historia de Ryan y mía, así que decidí que tendría que dársela para deshacerme de todo aquello que me hacía daño y utilicé el pretexto del abrigo para llevárselo, abordé un camión para ir y me bajé frente a su universidad. No sabía que pasaría, lo único que sabía era que tenía que terminar con todo lo que me atara a él, de una vez por todas.
Bajé y comencé a caminar por toda la universidad, y me senté en una fuente para mandarle un mensaje diciéndole que estaba allí. Mientras escribía el mensaje, alcé la cabeza y me pareció verlo, iba caminando… observé mejor antes de dirigirme hacia él hasta que vi algo que no podía creer. Con mis propios ojos estaba viendo lo que el corazón me gritó tantas veces…


Continuará...